martes, 26 de febrero de 2008

Llueve

Recuerdo la primera noche que me quede solo, en Cornellà (lugar donde resido). Me daba un pánico terrible. Veía sombras en cada recobeco de la vivienda. El pasillo me recordaba lo largo que iba a ser ese sentimiento de terror y pavor removido, no agitado. La verdad, fue una noche horrible. Afuera llovía como jamás lo había hecho y yo, rodeado de una legión de peluches de toda raza y condición, me refugiaba en la esquina más cercana al fulgor de la ventana. Pase un miedo horrible y sobretodo, sufría al escuchar las gotas de lluvía, al caer contra la ventana, pues la melodía que componía, era la más tétrica que mis oídos percibiesen durante muchos años.

¿Y por qué os hablo de un recuerdo de infancia? Pues porque hoy el pavor ha vuelto a congelar mi mente. Me he visto de nuevo, chiquitín, rodeado de peluches y acurrucado bajo la luz que filtraba la ventana, a media noche y con una tenue lluvia, casi fantasmágorica. He caminado hasta el lavabo y me he quedado en una esquina, mirando aquel yo espectral que mi mente había traído de nuevo a la vida. Sentía su miedo y sentía de nuevo, la incertidumbre del "cuando va a llegar".

Había olvidado el miedo que uno siente al no saber cuando va a llegar, algo esperado (o inesperado). Había olvidado ese pequeñín, que se refugiaba con su tropa de peluches, para combatir a la soledad y a la lluvía. Ahora llueve en mi cabeza, pues la soledad perdura y algunos, se empeñan en recordarme que ellos, solos no estan.

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