Ahora que el agua escasea, me visten con el traje de prisionero (made in China) y me crucifican. ¿Cual es el motivo? ¿Ir hacía delante? ¿Ir hacía atrás? ¿No estar de acuerdo con el PHN o con los anti-PHN?
Pues no lo sé, te contesto, mientras me tomo una taza de té. Pero este té, tiene algo extraño. No lleva agua, sino aire... Ya has malgastado demasiada agua, derrochador; me responde un camarero. En la calle, la gente me señala con el dedo y gente que no me conoce, habla de mi vida privada.
Me siento como un famoso en una revista del corazón. Me imagino a toda esa gente, con las alcachofas de los programas del corazón, vía analógica o TDT. Se hacen cábalas sobre mí. Se me acusa de verter litros de agua contra el suelo. ¿Y quién sabe si es cierto, si lo hice o no? Me aporrean a la puerta y solamente, es el hombre del tiempo recriminándome el no poder anunciar chubascos en la Meseta.
Y mientras la sequía resquebraja el suelo y la sequedad, expulsa a los humedales; yo me ducho bajo un manto de agua helada, alejando de mi la tormenta y secundando a un aguacero, donde la crítica me baña y me ataca y sus palabras, las uso como ungüento en mis heridas, aquellas que pese a quien le pese, han comenzado a cicatrizar.
Pues no lo sé, te contesto, mientras me tomo una taza de té. Pero este té, tiene algo extraño. No lleva agua, sino aire... Ya has malgastado demasiada agua, derrochador; me responde un camarero. En la calle, la gente me señala con el dedo y gente que no me conoce, habla de mi vida privada.
Me siento como un famoso en una revista del corazón. Me imagino a toda esa gente, con las alcachofas de los programas del corazón, vía analógica o TDT. Se hacen cábalas sobre mí. Se me acusa de verter litros de agua contra el suelo. ¿Y quién sabe si es cierto, si lo hice o no? Me aporrean a la puerta y solamente, es el hombre del tiempo recriminándome el no poder anunciar chubascos en la Meseta.
Y mientras la sequía resquebraja el suelo y la sequedad, expulsa a los humedales; yo me ducho bajo un manto de agua helada, alejando de mi la tormenta y secundando a un aguacero, donde la crítica me baña y me ataca y sus palabras, las uso como ungüento en mis heridas, aquellas que pese a quien le pese, han comenzado a cicatrizar.
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