lunes, 24 de marzo de 2008

Land Down Under... (La sequía II)

Y la sequía, de los que me acusan los desconocidos, los anónimos ficticios y los que jamás oirán hablar de mi, han conseguido que llueva en sus mentes, más ideas contra las que acusarme de un estupido y triste final. ¿Resultado, sin previa ni partido? Arruinar un día de sol, en tan atormentado paraje.

¿Y qué han conseguido? Pues hacer más fuerte este aguacero tormentoso (o está tormenta pasada por agua), que antes callaba por no molestar y ahora, molesta y no calla. ¿Es razón de más, decir que la tormenta me sigue llamando cada vez más, para que vuelva a pensar lo mismo? ¿O prefiero convertirme en huracán de nivel 4, pese a saber que a la quinta vuelta, me marearé y pararé?

Decididlo vosotros, pues yo... siendo sincero, prefiero la tormenta antes que el aguacero y el huracán.

domingo, 23 de marzo de 2008

Ahora que el agua escasea

Ahora que el agua escasea, me visten con el traje de prisionero (made in China) y me crucifican. ¿Cual es el motivo? ¿Ir hacía delante? ¿Ir hacía atrás? ¿No estar de acuerdo con el PHN o con los anti-PHN?
Pues no lo sé, te contesto, mientras me tomo una taza de té. Pero este té, tiene algo extraño. No lleva agua, sino aire... Ya has malgastado demasiada agua, derrochador; me responde un camarero. En la calle, la gente me señala con el dedo y gente que no me conoce, habla de mi vida privada.
Me siento como un famoso en una revista del corazón. Me imagino a toda esa gente, con las alcachofas de los programas del corazón, vía analógica o TDT. Se hacen cábalas sobre mí. Se me acusa de verter litros de agua contra el suelo. ¿Y quién sabe si es cierto, si lo hice o no? Me aporrean a la puerta y solamente, es el hombre del tiempo recriminándome el no poder anunciar chubascos en la Meseta.
Y mientras la sequía resquebraja el suelo y la sequedad, expulsa a los humedales; yo me ducho bajo un manto de agua helada, alejando de mi la tormenta y secundando a un aguacero, donde la crítica me baña y me ataca y sus palabras, las uso como ungüento en mis heridas, aquellas que pese a quien le pese, han comenzado a cicatrizar.