viernes, 29 de febrero de 2008

Cuando llueve se moja...

¿Quién no se acuerda del estribillo de esa tonada infantil, del patio de mi casa? Pues yo creo que la vida funciona como dice esa canción, cuando llueve se moja, como los demás...

Claro que si, la vida no para de atosigarnos con la lluvia. Una lluvia que a todos nos afecta y nos hace sentirnos bien o mal, pero cuando nos sentimos bien, no agradecemos esa lluvia de palabras, hechos, momentos o sentimientos que lo proporciona y cuando nos sentimos mal, atacamos a lo que nos provoca este sentimiento. La verdad, somos unos seres tan viscerales que si esto sigue así, acabaremos en una constante depresión colectiva, con el Réquiem de Mozart por himno.

Simplemente, decirle a todos aquellos que se piensan que las personas somos un self-service: ¡Si no os gusta, dos piedras!

martes, 26 de febrero de 2008

Llueve

Recuerdo la primera noche que me quede solo, en Cornellà (lugar donde resido). Me daba un pánico terrible. Veía sombras en cada recobeco de la vivienda. El pasillo me recordaba lo largo que iba a ser ese sentimiento de terror y pavor removido, no agitado. La verdad, fue una noche horrible. Afuera llovía como jamás lo había hecho y yo, rodeado de una legión de peluches de toda raza y condición, me refugiaba en la esquina más cercana al fulgor de la ventana. Pase un miedo horrible y sobretodo, sufría al escuchar las gotas de lluvía, al caer contra la ventana, pues la melodía que componía, era la más tétrica que mis oídos percibiesen durante muchos años.

¿Y por qué os hablo de un recuerdo de infancia? Pues porque hoy el pavor ha vuelto a congelar mi mente. Me he visto de nuevo, chiquitín, rodeado de peluches y acurrucado bajo la luz que filtraba la ventana, a media noche y con una tenue lluvia, casi fantasmágorica. He caminado hasta el lavabo y me he quedado en una esquina, mirando aquel yo espectral que mi mente había traído de nuevo a la vida. Sentía su miedo y sentía de nuevo, la incertidumbre del "cuando va a llegar".

Había olvidado el miedo que uno siente al no saber cuando va a llegar, algo esperado (o inesperado). Había olvidado ese pequeñín, que se refugiaba con su tropa de peluches, para combatir a la soledad y a la lluvía. Ahora llueve en mi cabeza, pues la soledad perdura y algunos, se empeñan en recordarme que ellos, solos no estan.

domingo, 24 de febrero de 2008

La (in)felicidad

Hay quien dice que es feliz, cuando en verdad, está suscrito y financia varias plantas de Kleenex en el sudeste asiático.
Hay quien dice que es feliz, cuando en verdad, preferiría estar encerrado en un cuarto sin luz, llorando en un frío rincón.
Hay quien dice que es feliz, cuando en verdad, está muerto por dentro y su aspecto exterior se va deteriorando como el retrato de Dorian Gray, en la novela homónima de Oscar Wilde.

La felicidad, es algo que se dice que se tiene. Pero en realidad, hay que vivirla y transmitirla, para asegurarse que se posee. No se puede ir anunciando que se es feliz, por haber logrado un gran premio de lotería, conseguido un trabajo nuevo o haber encontrado el amor de tu vida. Hay que vivirlo. Y la felicidad, es algo que es díficil de transmitir y vivirla al 100%. En cambio la infelicidad, se ve, se nota y se palpa. Se huele a millas y se hace notar a yardas.

¿Y por qué aparece? Por cuatro desalmados que la atraen hacía ellos para luego descargarla sobre sus semejantes. Triste, es la noticia que hoy damos, pero cuando la tormenta supera al aguacero, no se puede ser más negativo.