¿Quién no recuerda está gran canción de Mecano? Ejem, mejor dicho. ¿Quién recuerda está gran canción de Mecano, escrita y cantada por y para GreenPeace España?
Pues es una gran canción, de muy corta duración, pero con una melodía tan bonita. Esta noche, mientras el oleaje lejano intentaba cruzar la tierra y colarse entre mis sábanas, escuchaba aquella tonada con una Ana Torroja muy joven y un grupo, que ya cosechaba dos o tres discos a sus espaldas. Quizás cuatro, aunque no lo recuerdo. El mar, corría por las calles y carreteras e iba a buscarme, a recuperarme otra vez. Pero era demasiado tarde. Ese mar de calma y paz, que en su día fue se apagó para siempre. Ya no hay vuelta atrás. La tormenta se ha metido hacía el interior y se ha alejado de aquellos que pronosticaban sol, para llevar la contraria. Quizás descargue en mi cumpleaños o el día de los enamorados, pero jamás de los jamases me he vuelto a plantear volverme a sumergir en el mar, para recuperar la fuerza de aquella tormenta que fuí y que ha dado paso a un aguacero, con ganas de dejar su sello, allá por donde camine.
viernes 4 de abril de 2008
lunes 31 de marzo de 2008
El gota a gota
Gotea, constante y silencioso, ante los pies de la cama. Me llama y me advierte de lo que me queda por venir. Tiemblo y me agarro a la almohada. Cuando me giro, noto más gotas sobre mi rostro. Ya no es tormenta, tampoco siquiera aguacero. El sol ha podido con esas nubes y las ha destruido. El agua restante, cae por mi rostro y mirando al techo, me preguntó cual es el mal que he hecho.
Intenté ser sincero, prefiriendo ser tormenta antes que aguacero, pero ante la falta de temor, perdí la primera batalla y acabé disolviéndome. No volverá a ocurrir.
Intenté ser sincero, prefiriendo ser tormenta antes que aguacero, pero ante la falta de temor, perdí la primera batalla y acabé disolviéndome. No volverá a ocurrir.
lunes 24 de marzo de 2008
Land Down Under... (La sequía II)
Y la sequía, de los que me acusan los desconocidos, los anónimos ficticios y los que jamás oirán hablar de mi, han conseguido que llueva en sus mentes, más ideas contra las que acusarme de un estupido y triste final. ¿Resultado, sin previa ni partido? Arruinar un día de sol, en tan atormentado paraje.
¿Y qué han conseguido? Pues hacer más fuerte este aguacero tormentoso (o está tormenta pasada por agua), que antes callaba por no molestar y ahora, molesta y no calla. ¿Es razón de más, decir que la tormenta me sigue llamando cada vez más, para que vuelva a pensar lo mismo? ¿O prefiero convertirme en huracán de nivel 4, pese a saber que a la quinta vuelta, me marearé y pararé?
Decididlo vosotros, pues yo... siendo sincero, prefiero la tormenta antes que el aguacero y el huracán.
¿Y qué han conseguido? Pues hacer más fuerte este aguacero tormentoso (o está tormenta pasada por agua), que antes callaba por no molestar y ahora, molesta y no calla. ¿Es razón de más, decir que la tormenta me sigue llamando cada vez más, para que vuelva a pensar lo mismo? ¿O prefiero convertirme en huracán de nivel 4, pese a saber que a la quinta vuelta, me marearé y pararé?
Decididlo vosotros, pues yo... siendo sincero, prefiero la tormenta antes que el aguacero y el huracán.
domingo 23 de marzo de 2008
Ahora que el agua escasea
Ahora que el agua escasea, me visten con el traje de prisionero (made in China) y me crucifican. ¿Cual es el motivo? ¿Ir hacía delante? ¿Ir hacía atrás? ¿No estar de acuerdo con el PHN o con los anti-PHN?
Pues no lo sé, te contesto, mientras me tomo una taza de té. Pero este té, tiene algo extraño. No lleva agua, sino aire... Ya has malgastado demasiada agua, derrochador; me responde un camarero. En la calle, la gente me señala con el dedo y gente que no me conoce, habla de mi vida privada.
Me siento como un famoso en una revista del corazón. Me imagino a toda esa gente, con las alcachofas de los programas del corazón, vía analógica o TDT. Se hacen cábalas sobre mí. Se me acusa de verter litros de agua contra el suelo. ¿Y quién sabe si es cierto, si lo hice o no? Me aporrean a la puerta y solamente, es el hombre del tiempo recriminándome el no poder anunciar chubascos en la Meseta.
Y mientras la sequía resquebraja el suelo y la sequedad, expulsa a los humedales; yo me ducho bajo un manto de agua helada, alejando de mi la tormenta y secundando a un aguacero, donde la crítica me baña y me ataca y sus palabras, las uso como ungüento en mis heridas, aquellas que pese a quien le pese, han comenzado a cicatrizar.
Pues no lo sé, te contesto, mientras me tomo una taza de té. Pero este té, tiene algo extraño. No lleva agua, sino aire... Ya has malgastado demasiada agua, derrochador; me responde un camarero. En la calle, la gente me señala con el dedo y gente que no me conoce, habla de mi vida privada.
Me siento como un famoso en una revista del corazón. Me imagino a toda esa gente, con las alcachofas de los programas del corazón, vía analógica o TDT. Se hacen cábalas sobre mí. Se me acusa de verter litros de agua contra el suelo. ¿Y quién sabe si es cierto, si lo hice o no? Me aporrean a la puerta y solamente, es el hombre del tiempo recriminándome el no poder anunciar chubascos en la Meseta.
Y mientras la sequía resquebraja el suelo y la sequedad, expulsa a los humedales; yo me ducho bajo un manto de agua helada, alejando de mi la tormenta y secundando a un aguacero, donde la crítica me baña y me ataca y sus palabras, las uso como ungüento en mis heridas, aquellas que pese a quien le pese, han comenzado a cicatrizar.
viernes 29 de febrero de 2008
Cuando llueve se moja...
¿Quién no se acuerda del estribillo de esa tonada infantil, del patio de mi casa? Pues yo creo que la vida funciona como dice esa canción, cuando llueve se moja, como los demás...
Claro que si, la vida no para de atosigarnos con la lluvia. Una lluvia que a todos nos afecta y nos hace sentirnos bien o mal, pero cuando nos sentimos bien, no agradecemos esa lluvia de palabras, hechos, momentos o sentimientos que lo proporciona y cuando nos sentimos mal, atacamos a lo que nos provoca este sentimiento. La verdad, somos unos seres tan viscerales que si esto sigue así, acabaremos en una constante depresión colectiva, con el Réquiem de Mozart por himno.
Simplemente, decirle a todos aquellos que se piensan que las personas somos un self-service: ¡Si no os gusta, dos piedras!
Claro que si, la vida no para de atosigarnos con la lluvia. Una lluvia que a todos nos afecta y nos hace sentirnos bien o mal, pero cuando nos sentimos bien, no agradecemos esa lluvia de palabras, hechos, momentos o sentimientos que lo proporciona y cuando nos sentimos mal, atacamos a lo que nos provoca este sentimiento. La verdad, somos unos seres tan viscerales que si esto sigue así, acabaremos en una constante depresión colectiva, con el Réquiem de Mozart por himno.
Simplemente, decirle a todos aquellos que se piensan que las personas somos un self-service: ¡Si no os gusta, dos piedras!
martes 26 de febrero de 2008
Llueve
Recuerdo la primera noche que me quede solo, en Cornellà (lugar donde resido). Me daba un pánico terrible. Veía sombras en cada recobeco de la vivienda. El pasillo me recordaba lo largo que iba a ser ese sentimiento de terror y pavor removido, no agitado. La verdad, fue una noche horrible. Afuera llovía como jamás lo había hecho y yo, rodeado de una legión de peluches de toda raza y condición, me refugiaba en la esquina más cercana al fulgor de la ventana. Pase un miedo horrible y sobretodo, sufría al escuchar las gotas de lluvía, al caer contra la ventana, pues la melodía que componía, era la más tétrica que mis oídos percibiesen durante muchos años.
¿Y por qué os hablo de un recuerdo de infancia? Pues porque hoy el pavor ha vuelto a congelar mi mente. Me he visto de nuevo, chiquitín, rodeado de peluches y acurrucado bajo la luz que filtraba la ventana, a media noche y con una tenue lluvia, casi fantasmágorica. He caminado hasta el lavabo y me he quedado en una esquina, mirando aquel yo espectral que mi mente había traído de nuevo a la vida. Sentía su miedo y sentía de nuevo, la incertidumbre del "cuando va a llegar".
Había olvidado el miedo que uno siente al no saber cuando va a llegar, algo esperado (o inesperado). Había olvidado ese pequeñín, que se refugiaba con su tropa de peluches, para combatir a la soledad y a la lluvía. Ahora llueve en mi cabeza, pues la soledad perdura y algunos, se empeñan en recordarme que ellos, solos no estan.
¿Y por qué os hablo de un recuerdo de infancia? Pues porque hoy el pavor ha vuelto a congelar mi mente. Me he visto de nuevo, chiquitín, rodeado de peluches y acurrucado bajo la luz que filtraba la ventana, a media noche y con una tenue lluvia, casi fantasmágorica. He caminado hasta el lavabo y me he quedado en una esquina, mirando aquel yo espectral que mi mente había traído de nuevo a la vida. Sentía su miedo y sentía de nuevo, la incertidumbre del "cuando va a llegar".
Había olvidado el miedo que uno siente al no saber cuando va a llegar, algo esperado (o inesperado). Había olvidado ese pequeñín, que se refugiaba con su tropa de peluches, para combatir a la soledad y a la lluvía. Ahora llueve en mi cabeza, pues la soledad perdura y algunos, se empeñan en recordarme que ellos, solos no estan.
domingo 24 de febrero de 2008
La (in)felicidad
Hay quien dice que es feliz, cuando en verdad, está suscrito y financia varias plantas de Kleenex en el sudeste asiático.
Hay quien dice que es feliz, cuando en verdad, preferiría estar encerrado en un cuarto sin luz, llorando en un frío rincón.
Hay quien dice que es feliz, cuando en verdad, está muerto por dentro y su aspecto exterior se va deteriorando como el retrato de Dorian Gray, en la novela homónima de Oscar Wilde.
La felicidad, es algo que se dice que se tiene. Pero en realidad, hay que vivirla y transmitirla, para asegurarse que se posee. No se puede ir anunciando que se es feliz, por haber logrado un gran premio de lotería, conseguido un trabajo nuevo o haber encontrado el amor de tu vida. Hay que vivirlo. Y la felicidad, es algo que es díficil de transmitir y vivirla al 100%. En cambio la infelicidad, se ve, se nota y se palpa. Se huele a millas y se hace notar a yardas.
¿Y por qué aparece? Por cuatro desalmados que la atraen hacía ellos para luego descargarla sobre sus semejantes. Triste, es la noticia que hoy damos, pero cuando la tormenta supera al aguacero, no se puede ser más negativo.
Hay quien dice que es feliz, cuando en verdad, preferiría estar encerrado en un cuarto sin luz, llorando en un frío rincón.
Hay quien dice que es feliz, cuando en verdad, está muerto por dentro y su aspecto exterior se va deteriorando como el retrato de Dorian Gray, en la novela homónima de Oscar Wilde.
La felicidad, es algo que se dice que se tiene. Pero en realidad, hay que vivirla y transmitirla, para asegurarse que se posee. No se puede ir anunciando que se es feliz, por haber logrado un gran premio de lotería, conseguido un trabajo nuevo o haber encontrado el amor de tu vida. Hay que vivirlo. Y la felicidad, es algo que es díficil de transmitir y vivirla al 100%. En cambio la infelicidad, se ve, se nota y se palpa. Se huele a millas y se hace notar a yardas.
¿Y por qué aparece? Por cuatro desalmados que la atraen hacía ellos para luego descargarla sobre sus semejantes. Triste, es la noticia que hoy damos, pero cuando la tormenta supera al aguacero, no se puede ser más negativo.
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